Cyberbullying, una amenaza en el aula

Escrito por: Yalila Aguad, Camila Ortega y Claudia Toledo. Universidad del Bío-Bío, Chile.
El bullying es el reconocido acoso escolar que comprende a cualquier tipo de maltrato que pueda sufrir un estudiante, ya sea, dentro del aula como fuera de ella. Sin embargo, debemos profundizar e instruirnos en el tema, teniendo en cuenta la definición de este concepto:
“El bullying o matonaje es un tipo de violencia escolar que se distingue por la intención de dañar, por la naturaleza repetitiva de los actos y el desequilibrio de poder entre el bully o agresor y la victima” (Pérez, 2011).
Debemos destacar que dicho acto ha existido desde siempre y no solo es comprendido por la víctima y el victimario, sino que también existe alrededor de este dúo lo que se conoce como “testigos” o “espectadores” del hecho, creándose una especie de red de protección entre los agresores, evitando así poder enfrentar el problema y erradicarlo; no obstante, es necesario aclarar que, además de estos actores directos, se encuentran los indirectos que comprenden tanto a las autoridades del establecimiento educacional como la familia de los afectados.
Para un mayor entendimiento, esta especie de comportamiento se basa en la agresividad del sujeto intimidando a otro ser “escogido” por considerarlo físicamente más débil, inseguro, solitario (de pocos amigos) y no poseedor de muchas habilidades sociales. Generalmente las personas afectadas poseen buenas calificaciones lo que trae como consecuencia un declive en su rendimiento escolar, aparición de depresión y si esta clase de comportamiento es reiterativo en el tiempo, puede aparecer la tendencia suicida en el sujeto afectado, ya que el nivel de intimidación del agresor aumenta provocando inclusive, que el afectado crea que es merecedor de dicho tratamiento.
Los agresores son personas físicamente más imponentes que los demás integrantes del grupo social, con instintos de dominación hacia sus pares, autoestima alta, impulsivos, poco tolerantes, con cierto desdén por las reglas lo que provoca constantes problemas y confrontaciones con las autoridades de su entorno. Poseen cierta satisfacción y disfrute por el dolor ajeno no importándole las consecuencias de sus actos ni tampoco sienten remordimiento por las cosas que hacen, generadores innatos de conflictos. Tienden a relacionarse con personas de misma actitud y comportamiento lo que ayuda a que sus objetivos sean cumplidos con mayor rapidez.
Los “testigos oculares” o espectadores son todos aquellos individuos que presencian el acto de agresión hacia la víctima. Un porcentaje de ellos puede actuar como inhibidor del hecho de agresión provocando que el victimario detenga su ataque, mientras que el restante porcentaje de personas presentes puede actuar como estimulante para que el bully cumpla con éxito su objetivo. Como lo indican las estadísticas de las numerosas investigaciones referentes al tema: "En un estudio, el 30% de los testigos "intentó ayudar a la víctima", mientras que el 70% no intentó intervenir".
Desglosada esta cifra, el 40% no hizo nada porque "no era de su incumbencia", y el 30% no ayudó aunque "sintieron que deberían hacerlo", probablemente por temor a ser víctimas. Hay una intención que no se traduce en conducta, lo que podría ser modificado.” (Trautmann, 2008).


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